Journal 87: Entrevista a Ylenia López-Llata
Ylenia es psiconutricionista y autora de “Si el problema no es el hambre, la comida no es la solución”, un podcast creado para hablar sin tapujos y con la mayor responsabilidad posible sobre por qué, cuando el problema no es el hambre, la comida no es ni será nunca la solución.
A través de su trabajo acompaña a personas a comprender qué hay detrás de su relación con la comida, poniendo el foco en las emociones, los pensamientos y los patrones que influyen en nuestra forma de estar con nosotros mismos y con quienes nos rodean.
Vivimos rodeados de discursos sobre hábitos saludables, productividad, bienestar y mejora personal. ¿En qué momento cuidar de uno mismo deja de ser una forma de bienestar para convertirse en otra exigencia más?
“Creo que ocurre cuando sentimos que tenemos que “cumplir” sin conectar verdaderamente con nuestro sentir, con nuestras necesidades, con el problema de origen y con el lugar hacia el que queremos dirigirnos. Para mí, el autocuidado nunca debería partir únicamente de una lista de cosas que supuestamente tenemos que hacer para estar bien. Comer de una determinada manera, entrenar, descansar, tener rutinas o ser productivos pueden ser herramientas maravillosas, pero pierden su sentido cuando las hacemos desde la exigencia y no desde la autoescucha. Desde mi trabajo como psiconutricionista intento precisamente ir un poco más allá de todo eso: entender qué hay detrás de una conducta, qué necesita realmente esa persona y qué quiere conseguir (y no me refiero solo a los kilos). Porque un mismo hábito puede ser autocuidado para alguien y convertirse en una enorme fuente de presión o incluso resultar contraproducente para otra persona. Cuidarse, para mí, tiene mucho más que ver con conocerse y aprender a escucharse que con “cumplir” perfectamente lo que dicen los libros y las modas absurdas.”
¿Qué crees que necesitamos desaprender antes de poder construir una relación más sana con la comida?
“Creo que necesitamos desaprender muchas de las reglas que hemos interiorizado alrededor de la comida: lo bueno y lo malo, lo permitido y lo prohibido, lo que “deberíamos” comer y lo que supuestamente tenemos que compensar después. Pero, sobre todo, necesitamos desaprender la idea de que comer bien significa comer perfecto. La alimentación es nutrición y salud, evidentemente, pero también es placer, cultura, familia, celebración, viajes, recuerdos y vida social. Cuando intentamos reducirla únicamente a nutrientes, calorías o reglas, podemos acabar dándole un espacio mental muchísimo mayor del que debería ocupar, y ahí es cuando pesa. Lo mismo ocurre cuando la mezclamos con emociones. En mi consulta trabajo para que mis pacientes puedan entender qué necesitan, adquirir herramientas y tomar decisiones que los cuiden, pero desde la flexibilidad. Para mí, una relación sana con la comida es aquella en la que somos nosotros quienes decidimos y no la comida la que termina condicionando nuestra vida.”
Tres valores que definen tu manera de vivir y de trabajar
“Sensibilidad, curiosidad y coherencia. La sensibilidad forma parte de mi manera de mirar el mundo y de relacionarme con las personas. Está muy presente en mi trabajo, pero también en mi relación con el arte, la moda, los espacios, los viajes y la belleza. La curiosidad es algo que necesito alimentar constantemente. Me encanta viajar, descubrir lugares, leer, aprender, visitar exposiciones, conocer otras culturas y escuchar a personas que tienen algo que aportarme. Creo que mantener la curiosidad hace que nunca dejemos de crecer. Y la coherencia es algo que valoro cada vez más con los años: intentar que exista una conexión entre lo que pienso, lo que siento, lo que digo y la manera en la que finalmente vivo y trabajo. No siempre es sencillo, pero lo intento.”
¿Qué significa para ti lo hecho a mano?
“Tiempo, sensibilidad, intención y, sobre todo, una historia. Vivimos rodeados de inmediatez y de cosas que podemos tener casi en el momento en que las deseamos. Por eso creo que cada vez tiene más valor aquello que necesita tiempo para existir y en lo que puedes reconocer la mano y el cuidado de la persona que lo ha creado. Siempre me han atraído las piezas con historia: en la moda, en el arte, en los muebles, en los objetos que elijo para mi casa… Me gusta saber de dónde vienen, quién las ha creado y cómo se han hecho. También conecta con una manera de consumir con la que cada vez me identifico más: tener menos y elegir mejor. Rodearme de piezas especiales, que duren, que envejezcan bien y que puedan acompañarte durante muchos años. Para mí, eso es el verdadero lujo.”
¿Qué importancia le das a los zapatos en tu día a día?
“Mucha. Siempre me ha gustado la moda como forma de expresión y creo que los zapatos tienen una capacidad enorme para transformar incluso el look más sencillo. Me gustan los zapatos especiales y tengo algunos pares que casi considero objetos, pero con los años también he aprendido a valorar muchísimo la comodidad. Quiero que las cosas bonitas formen parte de mi vida real y no tenerlas guardadas esperando una ocasión especial. Por eso me gusta especialmente esa combinación entre diseño, artesanía y comodidad. Unos friulanes tienen algo muy especial: poseen identidad e historia, pero a la vez puedes ponértelos por la mañana y vivir todo el día con ellos. Para mí, esa naturalidad también es elegancia.”
¿Qué lugar del mundo te gustaría recorrer con tus friulanes puestas?
“Me resulta imposible elegir solamente uno porque viajar es una de las cosas que más disfruto.Tengo muchísimas ganas de conocer la India. Me atrae enormemente todo su universo: la cultura, los colores, los tejidos y una estética completamente diferente a la nuestra. También tengo pendiente Escocia, que me atrae precisamente desde otro lugar: sus paisajes, sus castillos, la naturaleza y esa atmósfera tan especial que tiene. Y volvería siempre a México, mi lugar favorito de Latinoamérica. Es un país al que tengo muchísimo cariño y que me inspira por su gente, su gastronomía, su arquitectura, su artesanía y esa forma tan maravillosa de convivir con el color y la tradición. Aunque tampoco hace falta irse tan lejos. Me encantaría volver a Venecia con unas Cayumas y mi marido, caminar sin rumbo y perdernos por sus calles, o hacer una escapada a París, que para mí siempre es una buena idea. Creo que mis Cayumas encajarían en cualquiera de esos viajes. Al final, para mí viajar es descubrir, observar, inspirarme y, sobre todo, compartir. El destino importa muchísimo, pero también con quién lo vives y los recuerdos que construyes allí.”