Journal 67: Entrevista a Teresa de la Cierva
Teresa de la Cierva es una periodista española especializada en belleza, salud y estilo de vida, conocida por su larga trayectoria en el diario ABC. Se ha consolidado como una voz de referencia en el periodismo y ha impulsado espacios como el blog “La Polvera”, donde combina información, tendencias y opinión.
Has sido testigo de la transformación del papel del periodista frente al auge de los influencers; ¿cómo defines tu lugar en ese cambio?
“Antes, el periodista actuaba como filtro: seleccionaba, contrastaba y jerarquizaba la información. Hoy ese filtro prácticamente ha desaparecido y convivimos con una avalancha constante de voces, muchas de ellas valiosas, pero también otras guiadas más por la visibilidad que por el conocimiento. En ese nuevo escenario, mi lugar no está en competir por la inmediatez —porque siempre habrá alguien más rápido—, sino en aportar algo que no se improvisa: criterio, contexto y rigor.
El influencer ha democratizado la belleza, la ha hecho más cercana, más aspiracional y más dinámica. Pero precisamente por eso, el papel del periodista cobra aún más sentido: somos quienes ponemos orden, quienes explicamos el porqué detrás de cada tendencia, quienes diferenciamos la innovación real del simple ruido.
Yo entiendo mi trabajo como una especie de “traductora” entre la industria y el consumidor. No se trata solo de contar qué producto o tratamiento está de moda, sino de explicar qué hay detrás: qué evidencia lo respalda, para quién es adecuado, y qué resultados se pueden esperar de verdad.
No compito con el influencer, lo complemento. Ellos inspiran; nosotros interpretamos. Ellos generan deseo; nosotros aportamos confianza. Y en un sector como la belleza, donde la piel, la salud y la autoestima están en juego, esa confianza no es un lujo: es una necesidad.”
¿Cómo ha cambiado la relación del público con la belleza desde que empezaste hasta la actualidad?
"Cuando empecé, la belleza era, sobre todo, aspiracional. Había modelos muy definidos —actrices, iconos, portadas— y el objetivo era acercarse a ese ideal. La conversación era bastante unidireccional: las marcas proponían y el público seguía.
Hoy la relación es mucho más compleja y, también, más interesante. La belleza ha dejado de ser solo una cuestión de apariencia para convertirse en una forma de identidad. Hemos pasado del “quiero parecerme a” al “quiero sentirme bien conmigo”, del canon único a una pluralidad de referentes, edades, estilos y discursos.
Eso tiene una parte muy positiva: hay más libertad, más diversidad y una mayor aceptación de lo real. Conceptos como el pro-aging, el bienestar o el cuidado de la piel como salud —no solo como estética— han ganado terreno.
Pero también hay una cara menos amable: vivimos rodeados de estímulos, tendencias fugaces y mensajes contradictorios, y ¡comparaciones! Nunca se ha hablado tanto de belleza… y, sin embargo, nunca ha sido tan fácil perderse.
Y ahí, de nuevo, está el reto —y la responsabilidad— de quienes comunicamos belleza: ayudar a separar la información útil del simple ruido.”
¿Qué valor le das al conocimiento frente a la imagen en este sector?
“La imagen es la puerta de entrada, pero el conocimiento es lo que decide si te quedas. En mi sector, todo entra por los ojos, y una textura, un envase o un resultado inmediato pueden generar deseo en segundos. Pero lo que realmente sostiene esa promesa en el tiempo es lo que no se ve: la formulación, la tecnología, la evidencia…
La imagen seduce, sí, pero también puede ser efímera. El conocimiento, en cambio, construye confianza. Y la confianza es lo único que fideliza de verdad."
¿Un libro que siempre recomiendes?
"La elegancia del erizo, porque recuerda que la belleza más interesante es la que no se exhibe, la que se descubre.
En un momento en el que todo parece diseñado para llamar la atención —en redes, en imagen, en estética—, este libro reivindica justo lo contrario: la profundidad, la sensibilidad, la bondad, la inteligencia… todo aquello que no siempre se ve a primera vista, pero que es lo que realmente permanece.”
¿Qué importancia le das a los zapatos en tu día a día?
“Son mi punto de apoyo literal y emocional. Un buen zapato puede cambiar la actitud, la postura… incluso el ánimo. Son ese detalle silencioso que, sin hacer ruido, lo dice todo.”
¿Qué lugar del mundo te gustaría recorrer con tus friulanes puestas?
“Italia. La recorrería entera con mi marido, sin prisa, perdiéndonos entre palacios, iglesias y callejuelas, dejando que cada paso nos enseñara algo de su historia.”